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06 noviembre 2026

A más CONTAMINACIÓN atmosférica, más MIGRAÑAS: por qué el entorno ambiental es clave para rediseñar la protección del paciente (Neurology. 2026)



La polución ambiental incrementa las visitas médicas de emergencia por migrañas. Así lo demuestra un estudio de la revista Neurology que alerta de la necesidad de proteger a los pacientes integrando en su cuidado todos los factores ambientales —los climatológicos y los contaminantes atmosféricos—, debido a las complejas sinergias que generan al combinarse.


María José Moya Villén

El ruido, las fluctuaciones hormonales o determinados alimentos son desencadenantes bien conocidos para quienes conviven con las migrañas. Pero ahora, un reciente estudio publicado en la revista Neurology ha puesto contexto a esta enfermedad: existe relación entre crisis, contaminación atmosférica y parámetros climáticos; y, como resultado, los días de mayor índice de polución ambiental aumentan sus urgencias médicas.


EL DESAFÍO DE PREDECIR LAS CRISIS

La migraña es una de las principales causas de discapacidad neurológica; pero, aunque la calidad del aire y los cambios meteorológicos se consideran desencadenantes, hasta ahora la neurología carecía de un modelo que vinculara los factores ambientales con la actividad migrañosa, ya que la mayoría de las investigaciones se limitaba a analizar los desencadenantes de forma aislada y a corto plazo.

El estudio que nos ocupa solventa esta carencia, al validar un modelo analítico estratificado en tres capas interconectadas:

  • LA VULNERABILIDAD BIOLÓGICA: basada en la predisposición genética y la sensibilización del sistema nervioso central (SNC) del individuo.

  • LOS MODULADORES AMBIENTALES A MEDIO PLAZO: que son los factores ambientales acumulados durante la semana previa al evento que alteran y exacerban la respuesta del organismo. Y

  • LOS DESENCADENANTES INMEDIATOS: que son los factores diarios (picos) que activan las crisis.

Este enfoque multidimensional establece un hito científico al evidenciar la necesidad de proteger la salud de los pacientes evaluando su entorno y teniéndolo en cuenta. Se trata de una medida indispensable en un escenario global marcado por el incremento de la contaminación antropogénica y de la inestabilidad atmosférica por el cambio climático.


MÁS DE DOS DÉCADAS DE SEGUIMIENTO CLÍNICO

El estudio, liderado por el investigador Ido Peles de la Universidad Ben-Gurion del Negev (Palestina/Israel), realizó un seguimiento diario de más de 20 años a 7.032 pacientes de migraña residentes en la ciudad de Be’er Sheva. De ellos, el 77,4 % fueron mujeres.

La metodología que se utilizó consistió en cruzar dos bloques objetivos:

  • DATOS AMBIENTALES: medidos por estaciones de monitoreo fijas. Y

  • DATOS CLÍNICOS: obtenidos del registro de visitas de los pacientes a los servicios médicos de emergencia y su uso de triptanes (familia de fármacos específicos para interrumpir los episodios).

Este análisis permitió determinar cómo el entorno moldea la dinámica de la migraña, tras evaluar tanto su impacto a medio plazo (la semana previa al episodio) como a corto plazo (el día de la crisis).


RADIOGRAFÍA DE UNA MIGRAÑA

La investigación reveló cuatro hallazgos principales:

  • LAS EXPOSICIONES AMBIENTALES ACTÚAN EN DOS FASES COMBINADAS: a medio plazo, elevan la susceptibilidad cerebral a los desencadenantes; mientras que, a corto plazo, actúan como detonantes [1]. Lo primero, reduce el umbral de las migrañas al inducir estrés oxidativo, disfunción vascular e inflamación sistémica, que convergen en el cerebro haciendo que se vuelva más vulnerable; mientras lo segundo (los picos), aporta el desencadenante.

  • Por ejemplo, la exposición acumulada a dióxido de nitrógeno (NO₂) [**] o a partículas finas (PM2,5) eleva la vulnerabilidad, al activar un proceso lento de inflamación sistémica que promueve una sensibilización central durante días. Tras ello, los picos transitorios de NO₂ y radiación solar (RS) que haya funcionan como detonantes.

  • LA EXISTENCIA DE SINERGIAS AMBIENTALES: las condiciones climáticas de la semana previa interactúan con los contaminantes modificando su impacto en el corto plazo, por lo que ejercen un efecto modulador.

  • Por ejemplo, la combinación de altas temperaturas y baja humedad en verano amplifica el riesgo del NO₂, mientras que las semanas frías y húmedas de invierno intensifican el efecto de las PM2,5. Ambos contaminantes inciden en las migrañas, como se mencionó.

  • LA EVIDENCIA DE UN PATRÓN EN URGENCIAS: los días de mayor y menor número de visitas de emergencia por migraña coinciden con los de máxima y mínima contaminación, respecto al promedio. En el estudio, fueron el 23 de octubre de 2011 y el 18 de diciembre de 2009, respectivamente.

  • EL USO FRECUENTE DE MEDICACIÓN: el 46,7 % de los pacientes usó triptanes para tratar las crisis. Su consumo medio fue de 2,1 comprimidos al mes, aunque un 9,3 % necesitó entre 5 y 9, y un 2,3 % tomó ≥10.

Estos resultados van más allá de la identificación de contaminantes y condiciones climáticas como desencadenantes independientes; incluso es el primer estudio que incorpora la radiación solar a estas variables [3]. Además, los hallazgos respaldan la evidencia de que los cambios meteorológicos abruptos alteran la homeostasis termorreguladora y activan las vías hipotalámicas y simpáticas.

[**] El NO₂ es un gas vinculado principalmente al tráfico urbano.


ALCANCE DEL ESTUDIO (LÍMITES Y FORTALEZAS)

Los hallazgos de esta investigación respaldan el modelo ambiental por capas que presenta. Sin embargo, la generalización de sus datos podría verse limitada por dos factores metodológicos:

  • EL TIPO DE MONITOREO CLÍNICO: al basarse en datos clínicos de emergencia y farmacéuticos, sólo incluyó migrañas graves, no episodios leves, autogestionados o que no usaran triptanes. Habrá que esperar a estudios futuros para validar un espectro de pacientes más amplio.

  • EL TIPO DE MONITOREO AMBIENTAL: se basó en estaciones urbanas fijas, no en sensores personales. Por tanto, los resultados del estudio deben asociarse a las condiciones ambientales urbanas, más que a las personales (las cuales pueden variar según la movilidad diaria, entorno laboral, tiempo en interiores o uso de aire acondicionado y filtros de aire del paciente). Nuevos estudios deberán abordar este aspecto.

En cualquier caso, los autores señalan que se trata de limitaciones que se ven compensadas por las fortalezas del estudio, cuyos principales activos son su magnitud y exhaustividad: una gran cohorte poblacional con más de 20 años de seguimiento, en la que se ha logrado vincular con éxito datos clínicos, farmacológicos y de exposición diaria [2].


¿HACIA UN CAMBIO DE PARADIGMA?

Los resultados del estudio arrojan conclusiones clave en tres esferas:

  • LAS MIGRAÑAS: valida un modelo estratificado en capas, al demostrar que los factores climáticos y la contaminación del aire influyen en las crisis a través de dos escalas temporales (durante la semana previa al evento, y el día de la crisis).

  • EL ENTORNO: demuestra su vinculación con la biología, evidenciando que las exposiciones ambientales alteran la susceptibilidad del paciente y activan la frecuencia de sus crisis, al provocar reacciones biológicas específicas (hiperexcitabilidad, desregulación hipotalámica, activación del potencial de receptor transitorio [TRP] y sensibilización trigeminovascular).

  • EL TRATAMIENTO: reformula el enfoque clínico hacia estrategias de anticipación basadas en el riesgo ambiental. De ese modo, el personal médico podría pautar medidas preventivas (no meramente reactivas), como que la persona limite la actividad al aire libre, use purificadores de aire de alta eficiencia para partículas, inicie una profilaxis corta (por ejemplo, con gepantes) o adelante el tratamiento agudo.

CONSIDERACIONES FINALES

El umbral de las migrañas va más allá de la vulnerabilidad biológica, al verse condicionado por una doble sinergia: la de las influencias ambientales entre sí, y la de estas con el inicio de las migrañas. Por tanto, la vulnerabilidad del paciente ante un detonante no es fija, sino que varía en función del contexto ambiental reciente. Esto hace necesario que las investigaciones futuras estudien las exposiciones combinadas.


REFERENCIAS

Peles, I., Novack, L., Gordon, M., Sarov, B., Novack, V., Ifergane, G. (2026). Acute environmental triggers and intermediate-term modulators of emergency migraine-related health care encounters. Neurology.

_________________

NOTAS A PIE DE PÁGINA.

[1] “En este estudio poblacional, encontramos que las exposiciones ambientales se asociaron con la actividad migrañosa en distintas escalas temporales. Los aumentos a corto plazo de determinados contaminantes atmosféricos y factores climáticos se asociaron con consultas médicas relacionadas con migraña aguda, mientras que las exposiciones acumuladas se asociaron con marcadores de actividad sostenida de la enfermedad” (“In this population-based study, we found that environmental exposures were associated with migraine activity across distinct time scales. Short-term increases in selected air pollutants and climatic factors were associated with acute migraine-related health care encounters, whereas cumulative exposures were associated to markers of sustained disease activity”).

[2] “El principal punto fuerte de este estudio radica en su envergadura y exhaustividad, ya que se basa en una cohorte poblacional a la que se ha realizado un seguimiento durante más de dos décadas, que vincula datos de exposición diaria, clínicos y farmacéuticos” ("The major strength of this study lies in its scale and completeness, leveraging a population-based cohort that has been followed for more than 2 decades, with linked daily exposure, clinical, and pharmacy data").

[3] “Que sepamos, la RS [radiación solar] no se ha evaluado [antes, en otros estudios] dentro de un marco ambiental multivariable más amplio que tenga en cuenta simultáneamente los contaminantes atmosféricos y los moduladores climáticos” (“To our knowledge, SR has not been evaluated within a broader multivariable environmental framework that simultaneously considers air pollutants and climatic modulators”).


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14 septiembre 2026

La contaminación del SUELO por METALES TÓXICOS amenaza la agricultura y la salud humana, a la vez que agrava la degradación de los suelos del planeta (avanza a un ritmo alarmante de 20 hectáreas por minuto)


María José Moya Villén

Cuando pensamos en la contaminación del planeta, solemos imaginar cielos cubiertos de humo o mares llenos de plásticos. Sin embargo, existe una amenaza silenciosa que avanza justo debajo de nuestros pies: en la tierra donde se cultivan nuestros alimentos.

Un dato clave: “el 95% de nuestros alimentos se producen directa o indirectamente en los suelos” (FAO, 2018).


UN RECURSO FINITO Y VITAL EN CUENTA ATRÁS: DESTRUIMOS EN POCOS AÑOS LO QUE LA NATURALEZA TARDA MIL AÑOS EN CREAR

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la contaminación de los suelos está comprometiendo nuestro futuro. Afecta “a los alimentos que comemos, al agua que bebemos, al aire que respiramos, a nuestra salud y a la de todos los organismos del planeta”. Todo ello depende de un “suelo sano”, sin embargo, “la gran mayoría de los contaminantes” son “resultado de la acción humana” (FAO, 2018).

El profesor Rattan Lal [*] coincide en ello: “los seres humanos son la causa principal de la degradación del suelo, así como de la alteración y contaminación de este recurso finito”, y esto supone “una emergencia mundial de salud pública” (Lal, 2025).

La formación de suelo es un proceso sumamente lento: la naturaleza necesita unos “1.000 años para formar 1 cm de capa arable superficial”, lo que significa que “el suelo que vemos es todo el que hay disponible” (FAO, 2018). Pero a pesar de ser un recurso vital y limitado, y de que “aproximadamente el 40 % de los suelos del mundo están degradados” ya por la actividad humana, el ritmo de degradación global sigue produciéndose a un ritmo alarmante: “hasta 20 hectáreas por minuto, o 10 millones de hectáreas por año” (Lal, 2025).

La comunidad científica lleva tiempo avisando. Desde la década de 1990 viene documentando “la magnitud y la gravedad de la degradación global del suelo y sus efectos” (Lal, 2025).

[*] Rattan Lal: es una de las máximas autoridades mundiales en la Ciencia del Suelo. Galardonado con el World Food Prize en 2020.


MÁS DE 900 MILLONES DE PERSONAS EN ZONAS DE ALTO RIESGO: RADIOGRAFÍA DE LA CONTAMINACIÓN GLOBAL POR METALES TÓXICOS

En abril de 2025 se presentó el primer mapa mundial sobre la contaminación de los suelos por metales tóxicos. Bajo el título “La contaminación global del suelo por metales tóxicos amenaza la agricultura y la salud humana”, esta investigación fue liderada por Deyi Hou [*] y publicada por la revista Science.

Su objetivo fue detectar los principales elementos contaminantes: “arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, níquel y plomo” (Hou et al., 2025).

Se trata de la evaluación más completa realizada hasta la fecha. Además, el mapeo abarca “el 63 % de la superficie terrestre”, excluyendo desiertos y regiones de permafrost (Nature, 2026). Según explica el propio Hou, “este estudio cuantifica y cartografía la contaminación a alta resolución en todos los continentes” (Nature, 2026).

Los resultados revelaron una realidad preocupante, tras el análisis de los principales metales tóxicos en el suelo de cerca de 800.000 mediciones procedentes de casi 1.500 estudios regionales, y utilizar algoritmos de aprendizaje automático “para buscar patrones y completar la información faltante” (Nature, 2026): “entre el 14 y el 17 % de las tierras de cultivo mundiales (unos 242 millones de hectáreas) superan los límites de seguridad agrícola para metales tóxicos”, y, entre 900 y 1.400 millones de personas se encuentran en zonas que rebasan los umbrales para la salud humana y ecológica, lo que las expone a “riesgos elevados” (Tsinghua University, 2025).

Uno de los hallazgos más sorprendentes del mapa fue el descubrimiento de la existencia de una franja de especial peligro que recorre la Eurasia de baja latitud. Abarca “el sur de Europa, Oriente Medio, el sur de Asia y el sur de China”. Este cinturón coincide con la distribución geográfica de grandes culturas antiguas “como las civilizaciones griegas, el Imperio Romano, la cultura persa, la antigua India y la cultura china del río Yangtsé” (Tsinghua University, 2025). Miles de años de actividad humana como la minería y la fundición, cuyos efectos son acumulativos, dejaron una herencia tóxica que persiste hasta el día de hoy.

En resumen: los resultados del este trabajo “subrayan que la contaminación del suelo representa una amenaza generalizada y persistente para la seguridad alimentaria mundial y la salud pública”, dice Hou (Nature, 2026).

[*] Deyi Hou: es uno de los científicos más influyentes del mundo en su área de investigación. Se encuentra dentro del 2 % de los científicos más citados del mundo, según la prestigiosa clasificación internacional de Universidad de Stanford.


LOS MOTORES QUE AGRAVAN LA CRISIS: DE LAS TRINCHERAS A LA PARADOJA DE LAS “ENERGÍAS VERDES”

Hay dinámicas medioambientales y humanas que aceleran y agravan la contaminación y la degradación de las tierras cultivables de forma alarmante.

Las variables no antropogénicas

El clima, la configuración del relieve, las propiedades del suelo (como el pH, la textura o el contenido de materia orgánica)… son elementos que pueden alterar la contaminación presente en el suelo. Por ejemplo, “las altas temperaturas y las precipitaciones aceleran la liberación de metales” (Universidad de Tsinghua, 2025), lo que facilita su desplazamiento y llegada a capas más profundas o a aguas subterráneas.

Las operaciones militares

Las guerras y las actividades militares liberan altas cargas de metales tóxicos a través del uso de municiones y explosivos, la fabricación de armamento, los ejercicios militares, las prácticas en campos de tiro…

Un ejemplo: la destrucción masiva de infraestructura en la guerra Rusia-Ucrania está liberando toneladas de metales y otros contaminantes al medio ambiente. Los estudios “confirman aumentos significativos de concentraciones de metales” en el suelo ucraniano afectado por la invasión rusa (plomo, cadmio, mercurio, cobre, zinc, níquel, cobalto, estaño, manganeso, selenio, aluminio).

Esto es particularmente preocupante porque “los chernozems [*] de Ucrania se encuentran entre los suelos más productivos y de mayor calidad del planeta”, y, este país es uno de los mayores exportadores de grano y de productos agrícolas del mundo (no en vano se le llama el granero del mundo y el granero de Europa). Por tanto, el incremento severo de metales tóxicos en estas tierras pone en riesgo el suministro y la seguridad alimentaria mundial a largo plazo (Ondrasek et al., 2025).

Y, a ello se suma que se espera que el impacto de la contaminación producida por la guerra ruso-ucraniana tenga impacto “no solo en las regiones afectadas, sino también a nivel mundial”, y que sus efectos sean duraderos (Ondrasek et al., 2025).

Otros conflictos en curso cuya toxicidad será duradera tanto en los territorios de conflicto como en el resto del planeta son los del genocidio de Palestina (Gaza / Cisjordania) y la invasión de Líbano por parte de Israel, y el de la guerra de los EE. UU. de Trump contra Irán.

[*] Chernozems o "tierras negras": son el tipo de suelo más fértil del mundo. Su color es negro debido a su alto contenido en materia orgánica. Cubre el 56,5 % de Ucrania, lo que supone “más de un cuarto de la tierra negra cultivable del planeta” (más información aquí).

La transición energética

Las supuestas “energías limpias” están suponiendo una gran paradoja ambiental: la carrera por limpiar el aire del planeta, puede envenenar la tierra que nos da de comer.

La fabricación masiva de paneles solares, turbinas eólicas y baterías para vehículos eléctricos ‒entre otras nuevas tecnologías‒ está exigiendo la extracción de una cantidad sin precedentes de metales críticos, cuyo proceso de explotación minera es sumamente contaminante. Mucho más que el de la minería tradicional (como el hierro o el carbón). Así que la creciente demanda “conlleva el riesgo de aumentar la contaminación ambiental” (Universidad de Tsinghua, 2025). La nota editorial que antecede al estudio liderado por Hou lo menciona: “la contaminación del suelo por metales es un problema mundial que probablemente aumentará con la creciente demanda de metales tóxicos para las nuevas tecnologías” (Hou, 2025).

Los efectos sinérgicos (los microplásticos)

La presión combinada de diferentes actividades humanas en el medioambiente genera sinergias que agravan todavía más la toxicidad de los suelos. El caso de la contaminación por plásticos, vertidos y emisiones atmosféricas de actividades industriales, o compuestos orgánicos persistentes, es ilustrativo de ello (Ondrasek et al., 2025).

Por ejemplo, se ha descubierto que la adición de microplásticos a un suelo contaminado con cadmio altera la química de la tierra haciendo que el cadmio sea más fácil de absorber por las plantas. Es decir, el plástico actúa como acelerador de la toxicidad, al incrementar la biodisponibilidad del cadmio.

Es importante destacar que el suelo es un sistema de variables e interacciones complejo, “lo que dificulta enormemente la identificación de efectos específicos y sinérgicos” (Ondrasek et al., 2025).

Las prácticas de riego

El tipo de riego utilizado condiciona si los metales son absorbidos por las plantas, o si se filtran hacia las fuentes de agua potable. Por ejemplo, el riego por inundación los arrastra para abajo, hacia los acuíferos subterráneos; mientras que el riego por goteo, los mantiene y concentra en la superficie, donde las raíces los absorben.

También debe citarse el uso de aguas residuales tratadas. Aún depuradas, contienen restos de metales, como plomo o cadmio. Así que, el riego con ellas, año tras año, los acumula en la tierra.


DIAGNÓSTICO DE LA SITUACIÓN EN EUROPA: HASTA UN 70 % DE SUS SUELOS EN MAL ESTADO

Recientemente publicó un informe sobre este asunto. Sus conclusiones contienen tres puntos de interés aquí (Yunta et al., 2025):

  • “La contaminación del suelo es un problema medioambiental importante en Europa, con varios factores que contribuyen a su degradación, entre ellos la actividad industrial, las zonas urbanas, el sector del transporte, la agricultura, así como las catástrofes [naturales y antropogénicas] y las actividades militares”.

  • “Las repercusiones de la contaminación del suelo en Europa son múltiples y de gran alcance, lo que plantea importantes desafíos para la sostenibilidad medioambiental, la salud pública y el bienestar socioeconómico”.

  • “Los contaminantes emergentes, como las PFAS, los microplásticos y las nanopartículas, plantean importantes desafíos para el monitoreo ambiental, por lo que la armonización y estandarización de los datos es esencial para abordar estos retos”.

La gravedad de estas conclusiones institucionales coincide con los datos de la comunidad científica: “entre el 60 y el 70 % de los suelos de la Unión Europea se encuentran en mal estado debido a diversos factores naturales y antropogénicos” Lal (2025).


LOS ENEMIGOS INVISIBLES EN TU PLATO: TIERRA ENFERMA, SALUD AMENAZADA

La contaminación de los suelos es invisible. No es posible percibir físicamente si las raíces de una planta han absorbido la toxicidad de su entorno: los cultivos no cambian de color, olor o sabor por ello.

Sin embargo, como avisa Lal (2025), si la tierra está enferma, nuestra alimentación también lo está. La seguridad alimentaria no empieza en la cocina ni en el mercado, sino en la tierra que pisamos.

Las personas con sensibilidad química múltiple (SQM) severa experimentan esta relación causa-efecto de forma directa. Este colectivo no consume alimentos ecológicos por preferencia, sino por necesidad. No hacerlo puede desencadenarles efectos adversos, incluso desastrosos y duraderos durante meses.

“Existe un fuerte vínculo entre la salud del suelo y la salud humana”. Los suelos son fuente de servicios ecosistémicos esenciales, entre los que se incluyen “la producción de alimentos y biomasa, el almacenamiento y secuestro de carbono (C), ser hábitat para la biodiversidad, la depuración y renovación del agua, y el ciclo de los nutrientes, entre otros”. Por ello, “los suelos sanos y bien gestionados son fundamentales para la existencia humana” (Lal, 2025).

Se estima que la población mundial “supere los 9.000 millones en 2050”, por lo que la tasa actual de degradación del suelo amenaza directamente la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades más básicas (FAO, 2018).


¿REVERTIR LA INERCIA DESTRUCTORA PARA NO COLAPSAR O SEGUIR CEDIENDO A LOS INTERESES ECONÓMICOS? LA DIFÍCIL HOJA DE RUTA PARA DESINTOXICAR LA TIERRA

El suelo debe ser fuente de vida y salud, no una vía invisible de enfermedad. Su contaminación provoca reacciones en cadena que incluyen:

  • Alteración en su biodiversidad.

  • Reducción de su materia orgánica.

  • Disminución de su capacidad para actuar como filtro.

  • Contaminación del agua almacenada en el suelo y los acuíferos.

  • Desequilibrio de nutrientes.

  • Empeoramiento de la resiliencia medioambiental ante inundaciones y sequías, y agravamiento de los problemas causados por el cambio climático.

Es necesario señalar que la producción agrícola insostenible, como la intensiva, agota los suelos (algo que ya ha ocurrido en “muchos países”), y esto reduce su capacidad para degradar los contaminantes orgánicos, lo que aumenta el riesgo de que “se liberen al medio ambiente” (FAO, 2018).

Soluciones basadas en la naturaleza

La comunidad científica se está centrando en buscar soluciones biológicas. Hou afirma que “la fitorremediación y la biorremediación ofrecen soluciones respetuosas con el medio ambiente para estabilizar o eliminar contaminantes, al tiempo que restauran las funciones del ecosistema del suelo” (Nature, 2026).

Entre las técnicas de fitorremediación destaca el uso de plantas hiperacumuladoras para absorber los tóxicos de los suelos contaminados con el fin de limpiarlos; y, entre las de biorremediación, sobresale la utilización de comunidades microbianas para degradar o inmovilizar contaminantes (Khan et al., 2026).

Otro ámbito en que se están centrando los investigadores es comprender los efectos a largo plazo de los metales tóxicos en la salud del suelo, los ecosistemas y la biodiversidad.

Un llamamiento a la acción

Más allá del ámbito científico, Lal (2025) señala que “urge aumentar la concienciación” sobre la magnitud de esta “grave emergencia de salud pública” para exigir “medidas inmediatas y urgentes” mediante un plan de acción bien diseñado y coordinado a diferentes niveles: local, estatal, nacional, continental y mundial.

"Si se mantiene la tendencia actual” –advierte‒, “sin un esfuerzo sincero para abordar el problema desde la raíz mediante la participación de cada habitante del planeta, los impactos adversos en la cantidad y calidad de la producción de alimentos [de consumo humano y piensos] pueden poner en peligro tanto la salud humana como la planetaria".

Esta amenaza es más preocupante aún en el contexto actual de cambio climático, merma y contaminación de recursos hídricos, pérdida acelerada de biodiversidad, y disminución de recursos por habitante.


REFERENCIAS

- Biswakarma, J. (2025, 17 de abril). ‘Heavy metals’ contaminate 17% of the world’s croplands, say scientists. The Conversation.

- FAO (2018, 2 de mayo). La contaminación de los suelos está contaminando nuestro futuro: 6 razones por las cuales debería preocuparnos la #ContaminacióndelSuelo. Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

- Hou, D., Jia, X., Wang, L., McGrath, S. P., Zhu, Y., Hu, Q., Zhao, F., Bank, M. S., O’Connor, D., Nriagu, J. (2025). Global soil pollution by toxic metals threatens agriculture and human health. Science.

- Khan, M. M., Qiu, B., Zhu, Z. (2026). Heavy metals in agriculture: sources, industrial applications, plant toxicity, and remediation approaches. International Journal of Molecular Sciences.

- Lal, R. (2025). Soil degradation and pollution as the global public health emergency. Medical Research Archives.

- Nature (2026). How ancient pollution threatens health and agriculture [resumen de la investigación externa dirigida por D. Hou et al. en 2025].

- Ondrasek, G., Shepherd, J., Rathod, S., Dharavath, R., Rashid, M. I., Brtnicky, M., Shahid, M. S., Horvatinec, J., Rengel, Z. (2025). Metal contamination – a global environmental issue: sources, implications & advances in mitigation. RSC Advances.




MÁS INFORMACIÓN

Ramos-Romero, S. S., Benavides-Rosales, H. R., Peña-Chamorro, J. J. (2026). Advances in modelling the transport of heavy metals in agricultural soils and their leaching into groundwater: an integrative critical review. Frontiers in Environmental Science.


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